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Liberarnos del mandato de ser perfectas




En este artículo quiero hablarte sobre un tema que nos atraviesa como mujeres, en la misma medida que nos hace daño: el mandato de la perfección.


Este mandato nos impulsa hacia una búsqueda incansable (e inalcanzable) de ser perfectas.


Esto se traduce en querer ser - y poner mi energía en ello - la profesional perfecta, la madre perfecta, la esposa perfecta, la amiga perfecta, la hija perfecta, y un largo etcétera formado por los roles que cada una de nosotras desempeñamos.


La idea de mujer perfecta, tiene varias trampas. Quiero invitarte a mirar juntas dos de ellas, que me parece fundamental comprender, para de a poco ir liberándonos de estos mandatos.


Primero que nada, la perfección es una idea, y esta idea es relativa.


Cuando hablamos de perfección, en el ámbito que sea - profesional, doméstico, maternidad, etc - nos olvidamos de que es una idea que está sujeta a un modelo hegemónico, dominante, que está determinado por un contexto histórico, cultural, social, político.


Un ejemplo claro sobre esto, podemos verlo en relación al cuerpo. El cuerpo “perfecto” femenino, no es igual ahora que hace cincuenta años, o cien, o doscientos años. Tiempo atrás, se aclamaban los cuerpos voluptuosos por ejemplo, con curvas y vientres redondeados, mientras que actualmente estamos en una época de adoración de la delgadez.


Entonces, ese modelo que ponemos como una verdad absoluta, como el horizonte deseado, es una construcción. 


Al mismo tiempo que existen estas construcciones a nivel macro - que por supuesto a todas nos atraviesan - también existen construcciones a nivel micro, por ejemplo, relativas al marco familiar.


¿A qué me refiero con esto?


A que si tu familia siempre te transmitió que estaba bien o que era importante que trabajaras en una cosa y no en otra, que tuvieras hijxs o que no, que lo más importante en la vida es casarse, o que lo más importante en la vida es ser independiente, o lo que sea, esas ideas van a influir un montón en lo que vos considerás que es ser una mujer perfecta. 


Probablemente, en otras familias, hayan ideas diferentes sobre el mismo tema.


Otro ejemplo, si me transmitieron que una esposa tiene que quedarse en casa, ocupándose de las tareas domésticas, es posible que yo crea que eso es lo que tengo que hacer. Ahora, si me transmitieron que yo tengo que trabajar a la par de mi marido, mi idea de esposa perfecta es posible que se asemeje más a esto.


Por supuesto que esto no es lineal, solo intento mostrarte como eso que yo considero que es perfecto, que es lo que tengo que hacer, es relativo; cambiará de acuerdo a quien lo mire, de acuerdo a la época en la que vivo, de acuerdo a lo que me hayan transmitido a lo largo de mi vida.


La segunda trampa que quiero que veamos juntas es la siguiente: la idea de perfección implica rigidez.


O sea, cuando miramos la foto de esa mujer perfecta, es eso una foto, no hay movimiento, es estática. Cuando nos vemos a través del ideal de la perfección, tendemos a mantenernos en una misma forma.


Por ejemplo, en relación al cuerpo, tal vez tenemos la idea de un cuerpo siempre joven o siempre delgado.


Cuando pensamos en la profesional perfecta, quizás pensamos en esa mujer que siempre es productiva, ordenada, enérgica, proactiva.


La madre perfecta es la que siempre está disponible, siempre tiene la palabra justa, siempre tiene ganas de jugar.


Qué pasa con esto? 


La vida es cambio y movimiento, nosotras somos cambio y movimiento, atravesamos ciclos con sus diferentes estaciones. 


Por ejemplo, nuestro cuerpo no siempre es igual, cambia en diferentes momentos del ciclo menstrual, en las diferentes etapas vitales, en circunstancias que atravesamos.


En relación a la productividad, lo cierto es que a veces tenemos más energía, a veces menos, nuestra capacidad de foco, de dinamismo, van cambiando en diferentes momentos. Los tiempos de descanso, de no hacer, de reposar, de gestar o de integrar, son tan necesarios como aquellos de movimiento y acción.


Sobre la disponibilidad y la complacencia… a veces no podemos estar para los demás o de la forma en la que nos necesitan o quisieran que estemos, porque necesitamos estar también para nosotras. Y por supuesto que no siempre nos sentimos alegres, abiertas, serenas, ningún estado emocional es permanente.


En definitiva, esa rigidez va a contracorriente de nuestros ritmos, nuestras necesidades, nuestros ciclos, nuestras transformaciones.


E ir a contracorriente de lo que necesitamos nos hace daño.


Entonces, cuando todo el tiempo estamos comparándonos con ese ideal de perfección que está en nuestra mente (y que solamente puede existir allí), nos empujamos más allá de nuestros límites sanos y herimos profundamente nuestra autoestima, porque claro, nunca vamos a llegar a esos estándares que tan duramente nos fijamos.


No importa que tan bien lo hagamos, nunca va a ser suficiente, siempre nos va a faltar algo.


Y ese sentir que no es suficiente lo llevamos a nosotras.


Nosotras no somos suficientes.


Te propongo dos movimientos para empezar a trabajar este tema que seguramente te esté generando sufrimiento y malestar.


En un primer nivel, te invito a cuestionar tus ideas acerca de la perfección.


¿Qué significa para vos ser perfecta? 


¿De dónde viene esa idea que tenés de lo que es ser perfecta? ¿Tiene sentido para vos? 


¿Cuáles son los deseos y necesidades que estás dejando de lado para intentar alcanzar ese ideal de perfección?


Te invito a tomarte el tiempo para escribir las respuestas a estas preguntas. Vas a ver que es un ejercicio muy poderoso.


Ahora, este segundo movimiento es más profundo aún, implica ir hacia las raíces del asunto.


Cuando las mujeres con las que trabajo me hablan del malestar que les genera estar a “la altura” de determinados estándares, siempre les pregunto lo mismo: ¿estás dispuesta a renunciar a ese modelo? ¿querés aceptarte tal cual sos? ¿estás dispuesta a renunciar a la aprobación externa? Y, la mayoría de las veces - en un primer momento al menos - se dan cuenta de que no.


La búsqueda de la perfección es prima hermana de la búsqueda del reconocimiento, no son lo mismo, pero suelen venir de la mano.


Queremos ser perfectas para agradar.


Para que no se enojen con nosotras.


Para encajar.


Para no generar conflictos.


Para que nos admiren.


En definitiva para que nos quieran y para pertenecer.


Que importante darnos cuenta de esto. De esta parte nuestra que no quiere renunciar. 


Esta parte que es leal con el mandato, incluso asumiendo sus costos.


Necesitamos hacer una elección interna.


Necesitamos hacer una renuncia y ser desleales.


¿Tiene consecuencias? Sí, por supuesto.


Quizás ya no tengamos el pseudoalimento de la aprobación externa.


Pero como te digo, es un pseudoalimento. No nutre. Da una satisfacción muy breve, y luego lo que queda es dolor, inseguridad, angustia, agotamiento.


En cambio, cuando renunciamos al mandato, cuando somos desleales, para ser leales a nosotras mismas, recuperamos la calma, la plenitud.


Y podemos habitar un amor genuino hacia nosotras mismas. Así tal cual somos.


Imperfectas.


Es que ahí en realidad está nuestra perfección.


Espero que estas palabras te inspiren y te acompañen en esos momentos difíciles, en los que una parte tuya te maltrata, te desprecia. Espero que sean puente para construir una relación amorosa y amable contigo.


Te recuerdo que si querés comenzar un proceso psicoterapéutico estoy disponible para acompañarte.


Y que también están disponibles mis cursos online, “Conectar conmigo”, y “Las mujeres que habitan en mi”. Son de acceso inmediato y están abiertos para que puedas anotarte al que resuene hoy en tu corazón.


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Un gran abrazo,


Anaclara.




SOBRE MI



Mi nombre es Anaclara, soy psicóloga especializada en Psicología Femenina.

Me licencié hace más de diez años en la UdelaR. Estoy posgraduada en Psicoterapia Gestáltica de Adultos/as, y formada como Psicoterapeuta de abordaje gestáltico-sistémico. Estoy certificada como facilitadora de grupos de mujeres, y tengo una amplia formación en arteterapia, violencia basada en género, terapias energéticas, entre otras.

Desde hace varios años acompaño a mujeres comprometidas con su crecimiento personal, a conectar consigo mismas y encontrar sus versiones más libres y auténticas. 

Trabajo en mi consulta particular como psicoterapeuta, y dicto cursos y talleres de desarrollo personal y formaciones en Psicología Femenina. También he trabajado como docente en Facultad de Psicología UdelaR y en la Escuela Gestáltica Somos Presencia. 


Me llena el corazón de alegría compartir con otras mujeres las herramientas que han sido fundamentales en mi propio camino personal. Con esa intención es que ofrezco los espacios de terapia, cursos, talleres, así como todo el contenido gratuito que comparto en mi web y redes.

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